Antiagingmedicina estética antienvejecimiento

En el envejecimiento influyen tanto factores genéticos como cambios en el propio organismo sobre los que sí podemos actuar. El envejecimiento produce una serie de transformaciones corporales y una disminución progresiva de las funciones fisiológicas. Aumenta la materia grasa, se reduce la masa muscular y se produce un deterioro general de todas las funciones cardiovasculares, respiratorias, renales, etc. La teoría más extendida y aceptada para explicar todo este proceso es la del estrés oxidativo, según la cual, con la edad, el organismo genera, por un lado, más radicales libres que tienen el poder de oxidarnos poco a poco, lo que nos hace envejecer; y por otra parte, el organismo produce un menor número de sustancias antioxidantes, lo que limita nuestra protección frente al envejecimiento”. Además el sistema inmunológico también disminuye su efectividad con lo que estamos más expuestos a enfermedades o neoformaciones (tumores).

Las investigaciones realizadas en los últimos ocho años han mostrado que se puede modificar la velocidad del envejecimiento haciendo parcialmente reversibles algunos rasgos de este deterioro. Así, con determinados tratamientos hemos comprobado que podemos recuperar parcialmente algunas de las funciones fisiológicas: la piel se regenera, aumenta la capacidad inmunitaria, se pierde menos memoria, el sistema cardiovascular mejora etc.

La terapia antienvejecimiento se basa fundamentalmente en la adopción de los hábitos de vida saludables que generan la producción de antioxidantes en el organismo a la vez que se pueden aportar sustancias que ayuden en este sentido.

Estos hábitos se centran, por un lado, en la realización de un ejercicio físico suave (andar, nadar, montar en bicicleta, correr) tres veces por semana; en la restricción de la
de calorías (en tratamientos experimentales se ha visto que la reducción de la ingesta en un 30% se asocia a un aumento del 40% de la supervivencia) o mas concretamente de proteínas; el consumo de frutas y verduras, sobre todo aquellas que contienen vitamina C y E; y la reducción de hábitos tóxicos como el tabaco y el alcohol; y si son necesarios en algunos casos de déficit, se aconsejan ciertos compuestos como algunas hormonas.